lunes, 3 de marzo de 2008
Crónica de una noche en Contla
Buenos días, tardes o noches según sea el caso...
Como ya no quiero dejar caer este espacio más de lo que ya lo he dejado, y será hasta el fin de semana que tenga una nueva quinciañera (jajaja a como me han jodido con eso) o mejor dicho un nuevo invitado, le pedí a mi Master de Master se aventara un post como escritor invitado... Espero les guste...
"No era la fiesta, la comida o el alcohol, mucho menos el frio y las personas; era el animo de revivir por lo menos una de las primeras noches que pasé en Contla, una de aquellas en las que reímos, platicamos y nos hicimos mas amigos.
Sabia que no podía ser igual porque algunos ya no estaban con nosotros… y de hecho, fue la única noche en que de verdad entré en la vida de algunos de ellos. Quizá fue lo precipitado del viaje y el saber que habíamos pasado pocas cosas juntos, pero ello me obligó inconscientemente a querer esperar lo mismo para viajes posteriores, aun y cuando sabia que no podía ser así.
También quería “ordenar unas cuantas cosas en mi cabeza”. Soy de la idea de que el aire de la montaña y el paisaje rural descongestionan el cerebro, nada mejor que sentirlo mientras se camina por el bosque, así lo hice.
Al llegar, noté que la intensidad de la primera noche agotó a todos, se veían cansados y muy pedos, solo Luis me convenció para quedarme a echar unos tragos, pusimos mas leña en el fuego y nos equipamos cada quien con una de las botellas que Yayo había dejado abiertas, casi llenas. Me dio un poco de reparo saber que ese cabrón posó so hocico en esas botellas, pero no hay que ser desperdiciados.
Hablamos de él, de los que estaban dormidos, de los que no fueron, de los que ya no están y de nuestras vidas… del amor, de la suerte, de los sueños. Jugábamos a ser profundos y reflexivos… me gustar creer que lo fuimos.
No se que sea pero, el sentarse alrededor del fuego es reconfortante, es como reavivar ese instinto primitivo de comunidad entre los humanos, no podíamos pedir nada mas, la platica era amena, las brazas tronaban, teníamos buen licor, el manto estelar nos acompañaba junto con el ruido de las lechuzas y el aire inspiraba tranquilidad.
Eso era lo que buscaba, sobretodo porque fue lo que supongo me perdí de la primera noche, pero no importa, pudo haber sido cualquiera y hasta en la soledad también hubiera funcionado, porque solo necesitaba voltear para saber que ahí estaban, que ahí estarán…"
Como ya no quiero dejar caer este espacio más de lo que ya lo he dejado, y será hasta el fin de semana que tenga una nueva quinciañera (jajaja a como me han jodido con eso) o mejor dicho un nuevo invitado, le pedí a mi Master de Master se aventara un post como escritor invitado... Espero les guste...
"No era la fiesta, la comida o el alcohol, mucho menos el frio y las personas; era el animo de revivir por lo menos una de las primeras noches que pasé en Contla, una de aquellas en las que reímos, platicamos y nos hicimos mas amigos.
Sabia que no podía ser igual porque algunos ya no estaban con nosotros… y de hecho, fue la única noche en que de verdad entré en la vida de algunos de ellos. Quizá fue lo precipitado del viaje y el saber que habíamos pasado pocas cosas juntos, pero ello me obligó inconscientemente a querer esperar lo mismo para viajes posteriores, aun y cuando sabia que no podía ser así.
También quería “ordenar unas cuantas cosas en mi cabeza”. Soy de la idea de que el aire de la montaña y el paisaje rural descongestionan el cerebro, nada mejor que sentirlo mientras se camina por el bosque, así lo hice.
Al llegar, noté que la intensidad de la primera noche agotó a todos, se veían cansados y muy pedos, solo Luis me convenció para quedarme a echar unos tragos, pusimos mas leña en el fuego y nos equipamos cada quien con una de las botellas que Yayo había dejado abiertas, casi llenas. Me dio un poco de reparo saber que ese cabrón posó so hocico en esas botellas, pero no hay que ser desperdiciados.
Hablamos de él, de los que estaban dormidos, de los que no fueron, de los que ya no están y de nuestras vidas… del amor, de la suerte, de los sueños. Jugábamos a ser profundos y reflexivos… me gustar creer que lo fuimos.
No se que sea pero, el sentarse alrededor del fuego es reconfortante, es como reavivar ese instinto primitivo de comunidad entre los humanos, no podíamos pedir nada mas, la platica era amena, las brazas tronaban, teníamos buen licor, el manto estelar nos acompañaba junto con el ruido de las lechuzas y el aire inspiraba tranquilidad.
Eso era lo que buscaba, sobretodo porque fue lo que supongo me perdí de la primera noche, pero no importa, pudo haber sido cualquiera y hasta en la soledad también hubiera funcionado, porque solo necesitaba voltear para saber que ahí estaban, que ahí estarán…"
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1 comentario:
Que pasó mi buen Yigal, no te basta con escribir en tu blog, también escribes en otros. Está bien que no te sacies de la escritura.
No puedo creer que hayas podido meditar, sin duda cuando se hacen este tipo de viajes a lugares desolados y rodeados de naturaleza, se busca tener un tiempo a solas para replantear cosas en tu vida; sin embargo, yo no pude lograrlo y sólo me sentí en un estado de pendejez por todo el alcohol que nos bebimos. Ni hablar, lo que si es un hecho, es que me la pasé bien chingón y tal vez logré conocer más y mejor a algunos personajazos.
Luis: ya no seas huevón y ponte a escribir alguna nueva historia grandiosa.
Saludos PERROS!!!
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